Es lo que pega. Con este calor cogemos toalla y protección solar y nos vamos a la playita. Suerte que tenemos en Huelva. Hemos elegido en esta ocasión la playa de Mazagón, a escasos veinte minutos en coche de la ciudad. Un sitio precioso, una playa familiar, donde los pequeños pueden jugar y refrescarse, y los mayores podemos relajarnos un rato de los quehaceres diarios. 

paseo-por-magazon-bis-01Nos hemos venido hoy a dar un paseo con el geólogo experto en costas Juan Antonio Morales, un profe de la Universidad de Huelva que de esto sabe un rato.

Lo hemos hecho así porque queremos contarte de qué va esto más allá de lo chulo que resulta en sí mismo estar en la playa.

Nuestras costas son divinas. Extensas lenguas de arena que se funden en un precioso y salvaje Océano Atlántico. Pero es que el caso de Mazagón es además único. ¿Nunca te has preguntado el porqué de esos acantilados? ¡Que parece que estuviéramos en el norte! Pues hoy te lo vamos a desvelar todo. Porque esas formaciones son especiales. Como nos dice Morales no hay otras iguales en todo el litoral del mapa de la Península Ibérica. We rock!

La playa de Mazagón en la que nos encontramos es la que podríamos llamar la más urbana, a la que se llega desde el mismo pueblo, y por tanto cuenta con buenos accesos y servicios de calidad. Otro artículo merecen Cuesta Maneli o Rompeculos. Sí, Rompeculos, no es un nombre de gamberreo, ya aparece en escritos del siglo XIX. En este sentido, puedes leer en este mismo número el espacio que le dedicamos a la playa de la Torre del Loro. Pero esta playa es distinta, menos salvaje e igualmente tranquila y bonita. De arenas doradas y tremendas puestas de sol.

Las playas de Mazagón gozan en general de buena salud. Están tan cerca del Parque de Doñana que se aprovechan de la denominación de zona protegida. Esta playa urbana ha sido la que más se ha visto afectada por la acción humana. El espigón y el puerto deportivo lo demuestran. Pero que no cunda el pánico. La naturaleza ha sabido adaptarse bien a nuestras intromisiones y la playa descansa feliz.

Juan Antonio Morales nos ha llevado a un lugar de ensueño. Estamos en un alto, en una colina de unos de los extremos del pueblo, junto al Camping Mazagón. Desde allí divisamos la playa al completo y podemos comprender bien lo que el geólogo nos va explicando. La idea general es que la playa es como unas tijeras. Es una playa en rotación. Un extremo se mueve hacia delante y otro hacia atrás. El punto medio es el que rota. Se observa perfectamente desde aquí arriba.

Nos encanta tener otra perspectiva de la playa, distinta de la que tenemos cuando vamos a bañarnos. Estamos en la zona erosiva. La playa ha cambiado mucho la dinámica desde que construyeron el espigón y el puerto deportivo. Datan de finales de los ochenta y principios de los noventa.

No hay que hacer el megaplan del fin de semana para disfrutar de este entorno

Antes del espigón existían unos bajos parecidos a los que encontramos en el Portil. Al menos eran seis bajos con seis o siete canales que cambiaban constantemente de lugar. Eran Los Canalizos y cada uno tenía su nombre propio. La navegación era dificilísima, lo cual es una constante en nuestras zonas de costa. Y no os creáis que se queda en la mera anécdota, no. Este hecho fue determinante, según Morales, en cuanto a impedir que trajeran a nuestras costas el Puerto de Indias. Imagina cuán diferente hubiera sido nuestra historia.

Para evitar los continuos dragados se construye el espigón. La parte delantera de los bajos quedó pegada al espigón por acción del oleaje marino. Así se creó la playa del espigón. La dinámica compleja de los bajos, que traía a la playa arena nueva, desaparece con la construcción del espigón. Deja de entrar arena de los bajos. Además, el espigón ha redirigido las olas, lo cual hace que la playa sea muy erosiva. Las olas reparten la arena en dos lados y donde nos encontramos nosotros se queda con mucha menos arena.

Juan Antonio nos indica un punto más abajo desde donde él media perfiles de playa. Se llevó años haciéndolo. Así que ahora sabemos que playa era mucho más amplia. Morales ha medido 120 metros de retroceso. ¡Todo eso hemos perdido de playa! Por ejemplo, el Club Náutico tenía el aparcamiento público, el privado, el propio edifico, otro aparcamiento delante, las pistas de tenis y luego la playa. Todo eso se lo llevó el agua. La naturaleza siempre gana.

La pregunta que nos hacemos ahora es ¿dónde está la arena que falta? Son muchos los que dan la voz de alarma, diciendo que la arena ha desaparecido y hay que echar más. Pero Morales lo desmiente: la arena no desaparece, sino que se la lleva el mar. El puerto deportivo hace de muro que no deja pasar la arena, así que ésta se acumula allí y erosiona en el otro extremo. Por eso la playa rota. ¡Qué curioso! Ya nunca más nos tumbaremos en la toalla sin tener esto en mente. La naturaleza se mueve constantemente mientras nosotros tomamos el sol. Se ha ido adaptando a lo que el ser humano ha hecho.

Ahora eso sí, es un problema el exceso de arena en un lado y la falta de la misma en el otro. Donde hay mucha se corre el riesgo de taponar caminos. Donde falta puede afectar a las casas. La solución que se le está dando por ahora es llevar camiones de arena de un sitio a otro para regular, pero parece una batalla perdida. El oleaje vuelve a mover la arena y según Morales esto es un gasto de dinero. Pero no hay otra, porque nadie va a derribar las casas ni el puerto, que es únicamente la forma en que la naturaleza vuelva a su ser.

No hay otros acantilados iguales a estos en todo el litoral del mapa de la Península Ibérica. We rock!

Vamos ahora caminando hacia abajo, a ver la otra joya de la corona de la playa: los acantilados. Quedan otros antiguos en la zona de Lepe e Isla Cristina (Torre del Catalán, por ejemplo), pero nada tan espectacular como lo que tenemos ante nosotros. Auténticas moles del color dorado de las arenas. ¿Por qué? ¡Porque son de arena!

Ahora nos explica Morales cómo se formaron estos bloques rubios, duros y altos.

Todas las características del material que estamos tocando con las manos (granos redondos, de cuarzo, del mismo tamaño y ordenados en láminas) coinciden con los rasgos propios de una duna. Es decir, todo el acantilado está formado por dunas que se han ido montando unas encima de otras. Y esto es único en nuestro país. Nada igual a Mazagón en el resto de costas españolas.

Los acantilados son de la era cuaternaria y más bien recientes. Aún estamos en esa era geológica. Lo curioso que descubrimos a través de ellos es que la playa en la que nos encontramos ya era históricamente erosiva. Eso afecta también, por ejemplo, a la Torre del Loro (te recomendamos que leas el artículo en este mismo número). Por la dinámica erosiva de la playa la Torre está ahora hundida en el mar.

Al menos nos llevamos la pequeña alegría de que no sólo los humanos somos los responsables de los movimientos de este litoral. Desde muy antiguo esta playa ya funcionaba así. Cosas de las que se entera una en una tarde cualquiera de verano.

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